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Viajes culturales

Jujuy: Quebrada de Humahuaca , cultura y naturaleza

En esta región conviven las cosmovisiones andinas y la tradición cristiana, una convivencia que resulta clave para comprender la identidad jujeña. Se manifiesta tanto en los rituales de agradecimiento a la tierra como en sus iglesias, peregrinaciones y fiestas patronales. Lo ancestral y lo contemporáneo tampoco aparecen como mundos separados: se encuentran en un mercado local, en la música y los rituales comunitarios del Carnaval de Jujuy, en una ceremonia dedicada a la Pachamama o en una cocina que recupera productos andinos con una mirada actual.

6 min de lectura·Petru DMC Argentina·

En el extremo noroeste de Argentina, junto a las fronteras con Bolivia y Chile, Jujuy reúne quebradas, altas planicies, valles, selvas de montaña y la inmensidad blanca de las Salinas Grandes. Pero su diversidad no se explica únicamente a través de la geografía.

Aquí viven comunidades pertenecientes a 11 pueblos originarios reconocidos oficialmente. Esa presencia no corresponde solamente al pasado ni permanece encerrada en museos o sitios arqueológicos. Se reconoce en los modos de cultivar, cocinar y celebrar; en la música, los tejidos, las lenguas y las formas de relacionarse con la tierra.

También convive con universidades, proyectos culturales, pequeños hoteles boutique y nuevas maneras de interpretar la identidad desde el presente. Lo ancestral y lo contemporáneo se encuentran en un mercado, en una comparsa de carnaval, en una ceremonia de agradecimiento a la Pachamama o en una cocina que recupera productos andinos con una mirada actual.

En San Salvador de Jujuy, su capital, la vida urbana transcurre entre mercados, museos, cafés y edificios históricos. Al avanzar hacia la Quebrada, la altura, las distancias y la sucesión de pequeños pueblos invitan a disminuir la velocidad. Más arriba, en la Puna, el silencio y la amplitud terminan por cambiar la forma de observar.

DOS MANERAS DE COMENZAR EL VIAJE

Se puede volar desde Buenos Aires y comenzar el recorrido en San Salvador de Jujuy. También es posible llegar por carretera desde Salta e integrar ambas provincias en un viaje por el noroeste argentino. Cualquiera sea la puerta de entrada, hay una decisión que transforma la experiencia: no limitarse a atravesar Jujuy, sino quedarse en sus pueblos.

Una primera noche en la capital permite acercarse a la historia provincial y descubrir el paisaje verde de los Valles.

QUEDARSE EN LOS PUEBLOS DE LA QUEBRADA ENRIQUECE LA EXPERIENCIA

Purmamarca, Tilcara, Maimará y Humahuaca son pueblos de la Quebrada con un carácter propio, marcado por su historia, su paisaje y su vida cotidiana. Aquí se vive a un ritmo diferente, condicionado por la altura, las distancias y una manera única de relacionarse con la Quebrada.

Purmamarca es pequeña, íntima y reconocible por el Cerro de los Siete Colores. Tilcara tiene una vida cultural más activa, con museos, talleres, peñas y restaurantes, y suma uno de los sitios arqueológicos más importantes de la Quebrada: el Pucará de Tilcara. Este antiguo asentamiento prehispánico permite acercarse a la organización, la arquitectura y la vida de las comunidades que habitaron la región antes de la llegada de los españoles, y conserva además un profundo valor simbólico para las comunidades originarias actuales.

El pueblo de Maimará conserva un fuerte vínculo con la agricultura y se extiende frente a las formas multicolores de la Paleta del Pintor. En 2025 fue distinguido por ONU Turismo como uno de los Best Tourism Villages, un reconocimiento que valora la conservación cultural, el entorno rural y el desarrollo turístico sostenible. Humahuaca, más al norte, suma historia, mercados y una posición privilegiada para continuar explorando.

Entre construcciones de adobe, patios interiores y vistas abiertas hacia las montañas, la Quebrada cuenta también con pequeños hoteles boutique y hosterías de pocas habitaciones. Alojarse en alguno de los pueblos de la Quebrada permite integrar el descanso al propio viaje, bajar el ritmo y conectar con otra dimensión del lugar.

HACIA LOS COLORES DEL HORNOCAL

“Alojarse en alguno de los pueblos de la Quebrada permite integrar el descanso al propio viaje, bajar el ritmo y conectarse con otra dimensión del lugar.”

Desde Humahuaca, el camino asciende hacia la Serranía del Hornocal. El aire se vuelve más frío y el horizonte, más abierto. Al llegar al mirador, los pliegues de la montaña despliegan una sucesión de formas triangulares y estratos de diferentes colores. La luz los transforma durante el día: algunos tonos se intensifican y otros casi desaparecen.

La llegada supera los 4.000 metros de altitud y exige tiempo, una adecuada adaptación y una logística prudente. Quizás por eso, el Hornocal no se reduce a la fotografía. El propio camino recuerda que, en Jujuy, el paisaje también determina la manera de viajar.

HACIA LA INMENSIDAD DE LAS SALINAS GRANDES

Compartidas por las provincias de Jujuy y Salta, las Salinas Grandes son un extenso salar de altura de 212 km², situado a una altitud media cercana a los 3.350 metros sobre el nivel del mar. Su principal atractivo reside en la amplitud del paisaje, los reflejos de la luz sobre la superficie blanca y el contraste con las montañas de la Puna.

Desde Purmamarca se encuentran a unos 66 kilómetros; desde Tilcara, a aproximadamente 90 kilómetros; y desde Humahuaca, a cerca de 135 kilómetros. El recorrido por la Cuesta de Lipán forma parte de la experiencia y permite observar cómo el paisaje cambia a medida que el camino asciende hacia las altas planicies.

UN CALENDARIO QUE CAMBIA EL RITMO DE LOS PUEBLOS

Jujuy no siempre se recorre en silencio. Sus celebraciones muestran cómo las tradiciones andinas, la devoción católica y la vida contemporánea conviven y se reinterpretan. No son escenas detenidas en el tiempo ni preparadas para quien visita la provincia: forman parte de una cultura viva.

En agosto, el agradecimiento a la Pachamama reúne a familias y comunidades alrededor de ofrendas a la Madre Tierra. Durante el carnaval, la Quebrada cambia de ritmo: aparecen las comparsas, las coplas, la música, los diablos y el baile. El desentierro abre días de encuentro y celebración; el entierro marca la despedida hasta el año siguiente.

Las fiestas patronales adquieren en Jujuy formas profundamente propias. La devoción cristiana se entrelaza, a lo largo del año, con tradiciones locales, música, rituales y participación comunitaria.

MÁS ALLÁ DE LA QUEBRADA

Desde aquí, el viaje todavía puede continuar. Hacia el oeste, la Puna abre un paisaje de salares, volcanes, lagunas altoandinas y poblaciones dispersas donde la altura impone otro tiempo. Hacia el este, las Yungas cambian por completo la imagen de Jujuy: el aire se vuelve húmedo y las laderas se cubren de bosques de montaña con una gran diversidad de aves y fauna.

Son apenas pinceladas de una provincia cultural y geográficamente rica.

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